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Artículos

LA MENTE DE CRISTO

-el eterno camino hacia la comprensión de las verdades divinas-



Introducción


Pablo, en su primera carta a los de Corinto, incorpora el término referido a la mente de Cristo.


1 Corintios 2

1 Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.

2 Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.

3 Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor;

4 y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder,

5 para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

6 Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen.

7 Más hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria,

8 la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.

9 Antes bien, como está escrito:

   Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,

   Ni han subido en corazón de hombre,

   Son las que Dios ha preparado para los que le aman.

10 Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.

11 Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.

12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido,

13 lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.

14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

15 En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie.

16 Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos la mente de Cristo.


El término la mente de Cristo pudiera prestarse a diversas interpretaciones, pero si uno se ciñe al contexto en el cual éste es introducido no puede menos que observarse que se refiere a conocimiento, a sabiduría, a información, referida a las verdades divinas, luego entonces la mente de Cristo tiene que ver con eso.


Para mayor corroboración sobre esta comprensión, puede verse la profecía de Isaías que apunta al Mesías.


Isaías 7:14-15

Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel. Comerá cuajada y miel hasta que sepa lo suficiente para desechar lo malo y escoger lo bueno.


De nueva cuenta puede verse que el asunto medular de la mente de Cristo puede circunscribirse a ese conocimiento, a esa sabiduría,  a esa información, referida a las verdades divinas, referida por Isaías cuando se refiere al Mesías como aquel que sabría "lo suficiente para desechar lo malo y escoger lo bueno".


Con todo y todo, ¿por qué Pablo de manera inspirada se referiría a la mente de Cristo como algo que los elegidos poseen? Para responder esto es necesario entender tres cosas relativas ese conocimiento, a esa sabiduría,  a esa información, referida a las verdades divinas: primero, las opciones que como humanidad se nos dio para acceder a esas verdades divinas y la decisión que se tomó entendiendo las implicaciones de ello; segundo, propiamente lo que significa lo referido a la mente de Cristo, sobre todo en lo relativo a cómo se alcanza ello, tanto en alcance como en profundidad; y tercero, las implicaciones de esto referidas a lo que sabemos, a lo que desconocemos pero podemos llegar a saber y a lo que desconocemos y no podemos llegar a saber, de igual forma, entender cómo es que esto se está llevando a cabo en cada uno en el presente siglo.


Esta es la idea de la presente obra la cual se presenta con un ánimo de comprensión de los temas tratados dando a Dios la gloria si es que algo de lo expuesto coadyuva a la consecución de esa meta.

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