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Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

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Artículos

Tu fe te ha salvado

-Comprensión espiritual de los milagros de Jesús-



Introducción


Cuando uno aborda las relatorías contenidas en los Evangelios referidas a los milagros que realizó Jesús no puede menos que sentir tocado en las fibras más profundas del ser por la sensibilidad, la empatía y la caridad de nuestro Señor mostradas en cada situación.


Las enseñanzas de dichos milagros son más que evidentes, de hecho alguna de las mismas son explicadas en el mismo contexto del relato, con todo y todo quien anda en el Camino sabe que "todo escriba docto en el reino de los cielos, es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas" (Mateo 13:52), de esta forma el contenido de dichas relatorías no puede circunscribirse única y exclusivamente al ámbito evidente sino que las mismas pueden ser fuente inagotable de instrucción, corrección, edificación, perfeccionamiento y santificación.


Esto último es más que evidente cuando el estudioso de la Palabra se topa, en los relatos comentados, con situaciones en ocasiones que, por decir lo menos, atraen la atención: aparentes contradicciones, minuciosidad en ciertos detalles al parecer irrelevantes, actitudes aparentemente contradictorias tanto de Jesús como de aquellos a su alrededor, en fin,  cuestiones que la mente natural busca de alguna forma explicar para mantener la integridad de la Escritura (Juan 10:35), pero no debe ser la mente natural la que busque explicar aquello mencionado sino, en todo caso, dejar que la Palabra se interprete a sí misma.


Esta es la idea de la presente obra, a saber: buscar una comprensión espiritual, más amplia, más profunda, referida a los milagros que hizo Jesús. Con todo y todo hay que aclarar que la exposición de estas ideas no es de ninguna manera doctrinal, en todo caso pudiera decirse que el sentido de la misma es devocional, pero como no puede haber devoción sin doctrina esta última es la que debe servir de referente para todo lo que al respecto se diga.


En el abordaje de las relatorías relativas a los milagros de Jesús, más allá de la comprensión tradicional de las historias presentadas, lo que se busca en todos los casos es esa comprensión subyacente que, bajo la luz de la Palabra y la guía de la doctrina de la iglesia de Dios, dichas relatorías pueden presentar.


Con todo y todo, en la exposición de estas ideas, habrá quienes al estarlas leyendo puedan decir "yo entiendo de otra forma este relato", ¿mi respuesta? "¡Excelente!"; alguien más pudiera señalar "yo veo algo más de lo aquí explicado", ¿mi respuesta? "¡Excelente!"; y otro más pudiera indicar "yo veo algo diferente a lo aquí explicado", ¿mi respuesta? "¡Excelente!". Así es "¡Excelente!", ¿sabes por qué?, ¡por qué de eso se trata! Pablo escribiendo a los Efesios se refiere a esto como la multiforme sabiduría de Dios (Efesios 3:10), de esta forma no puede decirse que la Escritura contiene una sola, única y exclusiva forma de entenderse, lo cual ya debería ser evidente para todo aquel familiarizado con ella, pero sí en todos los casos esas cosas viejas y esas cosas nuevas que se extraigan de ella deben siempre y en todo momento estar en consonancia con la doctrina de la iglesia, columna y fundamento de la verdad (1 Timoteo 3:15) de ahí en fuera no debe ser mayor motivo de discusión pues en estas exposiciones de ideas se estaría hablando de verdades de comprensión, siendo esta compresión, dada la multiforme sabiduría de Dios, de igual forma variada, no se estaría hablando de verdades de salvación, las cuales, como ya se indicó, están claramente establecidas en la iglesia de Dios, en lo que son sus principios doctrinales, siendo éstas las mismas a lo largo de sus dos mil años.


Que el Santo Espíritu de nuestro Padre Dios que mora en cada uno guíe la comprensión de las verdades espirituales subyacente a la relatoría referida a los milagros de Jesús, avanzando de esta forma en el conocimiento de Dios y Su Hijo,  para que pueda obtenerse de ello esa edificación que permita poner por obra esa fe que se dice profesar, conforma a la voluntad del Padre y para Su mayor gloria en Cristo Jesús.

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