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Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

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Artículos

Escucha Israel

-Los Cuatro Principios Fundamentales del Verdadero Conocimiento-

 


Introducción


Cuando a Jesús se le preguntó por el mayor mandamiento de la Escritura el comenzó su explicación citando Deuteronomio 6:4: "Escucha, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es", a continuación señalaría que amar a Dios sobre todas las cosas es el mayor mandamiento y el amar al prójimo como a uno mismo el que le sigue (Mateo 22:34-40).


La cita de Deuteronomio 6:4 no sólo entrega instrucción sino que guarda en la misma expresión los Cuatro Principios Fundamentales del Verdadero Conocimiento, a saber: un Dios, un Mesías, una Ley y un Pueblo. De estos Cuatro Principios Fundamentales del Verdadero Conocimiento, Deuteronomio 6:4 entrega dos de manera explícita -un Dios y un Pueblo- y dos de manera implícita -un Mesías y una Ley-.


Un Dios. La cita de Deuteronomio 6:4 señala en su última parte "Jehová nuestro Dios, Jehová uno es", lo cual de manera explícita señala uno de los Cuatro Principios Fundamentales del Verdadero Conocimiento:  que existe un solo Dios, único, real, viviente, verdadero, veraz, un Dios que a lo largo de la Escritura busca revelarse, un Dios que sobrepasa nuestro entendimiento y nuestra comprensión pero que cercano está a su creación, un Dios que nos ama y que está llevando a cabo un plan para conformarnos a la imagen de Su Hijo llegando así a ser parte de Su familia.


Un Mesías. Del entendimiento entregado por Deuteronomio 6:4 de que existe un solo Dios -nuestro Padre- y que ese Dios es infinito, eterno, omnisciente y todopoderoso, un Dios que por su misma naturaleza está inaccesible para la creación, se deduce de manera implícita otro de los Cuatro Principios Fundamentales del Verdadero Conocimiento: la necesidad de un intermediario que lo revele a una creación finita, temporal, con conocimiento parcial y con capacidades limitadas, ese intermediario es el Mesías, Cristo, el Hijo de Dios, que no sólo revela al Padre sino que en sí mismo cumple la reconciliación requerida por la justicia divina respecto de nuestras rebeldías y nos concede por Su sangre derramada la posibilidad de llegar a ser hijos de Dios.


Una Ley. Si se ha comprendido que existe un Dios y que ese Dios se revela a través de Su Mesías, el siguiente de los Cuatro Principios Fundamentales del Verdadero Conocimiento que se deduce de manera implícita es lo relativo a lo que ese Dios desea de nosotros, lo cual está contenido en Su Ley, Ley que se hace necesario conocer, sí, pero mayormente poner por obra.


Un Pueblo. La cita de Deuteronomio 6:4 señala en su primera parte "Escucha, Israel:" lo cual no sólo es un exhorto a poner atención a la instrucción que se va a entregar sino que de manera explícita revela otro de los Cuatro Principios Fundamentales del Verdadero Conocimiento: que existe un solo Pueblo y que ese pueblo recibe el nombre de Israel.


Con todo y todo el saber, reconocer y aceptar que existe un Dios, un Mesías, una Ley y un Pueblo no es sino apenas el principio del entendimiento requerido para los Cuatro Principios Fundamentales del Verdadero Conocimiento ya que para ello habría que clarificar respecto de ese Dios ¿cuáles son sus características?, ¿podemos llegar a comprenderlo?, ¿es uno, son dos, son tres?; respecto de ese Mesías ¿quién es?, ¿qué función tiene?, ¿es igual al Padre?; respecto de esa Ley ¿hay una o varias?, ¿cuál es?, ¿sigue vigente?; y respecto de ese Pueblo ¿es el Israel histórico?, ¿es la iglesia?, ¿qué características tiene?; por mencionar tan sólo algunas preguntas que al respecto de esas Cuatro Principios Fundamentales del Verdadero Conocimiento pudieran surgir.


Respecto de esto último hay que aclarar que la presente obra no busca, de hecho no puede, ninguna obra puede, dar respuesta para cada una de los Cuatro Principios Fundamentales del Verdadero Conocimiento de todas las dudas que pudieran surgir al abordarlas, pero si puede intentar, con base en la Escritura, sentar las bases para que, comprendiendo esos Cuatro Principios Fundamentales del Verdadero Conocimiento se pueda continuar escudriñando la Palabra edificando sobre ese conocimiento la comprensión que deviene de lo alto respecto de las verdades reveladas.


Sea así conforme a la voluntad del Padre y para Su mayor gloria en Cristo Jesús.

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