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Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

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Artículos

Introducción


Un día como cualquier otro en la provincia de Galilea, como cualquier otro excepto por una cosa, en la orilla noroeste del Mar de Galilea, entre Cafarnaúm y Genesaret, en un monte, puede verse una multitud que sentada espera escuchar enseñanzas de vida, la gente está dispersa por el monto y en un círculo más pequeño, más cercano a su maestro, los discípulos de aquel a quien han venido a oír, quien también se ha sentado. De repente, el silencio ante la voz que con autoridad pero también con caridad prodiga sentencias de fe y de esperanza.


Mateo 5:3-11

Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.


Lucas 6:20-22

Y alzando los ojos hacia sus discípulos, decía:

Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.

Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre.


Las bienaventuranzas son una lección de vida, para esta y la futura, dada por quien es el camino, la verdad y la vida. Nadie puede ir al Padre sino es por Jesús (Juan 14:6), Él no es un camino de muchos, sino el camino. "Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:12). Esto incluye también no cualquier Jesús (2 Corintios 11:4), sino el verdadero Jesús, en la verdadera doctrina, en la verdadera iglesia: "un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo" (Efesios 4:5).


Esto es reiterativo en la Escritura:


Romanos 6:23 "Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro"


Romanos 3:24 "siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús"


1 Juan 4:9 "En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él"


1 Corintios 15:22 "Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados"


1 Juan 1:7 "pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado"


1 Juan 5:13 "Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios"


Creer y hacer van de la mano. "¿Y por qué me llamáis: "Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?" (Lucas 6:46). Así las bienaventuranzas se convierten en una norma para la vida de quien sea seguidor (oidor y hacedor- Santiago 1:22) de Jesús.


Las bienaventuranzas no son una enseñanza aislada en la escritura sino que forma parte de un cuerpo doctrinal completo en sí mismo. Después de enunciadas Jesús señala a sus oyentes que ellos están llamados a ser sal de la tierra y luz del mundo (Mateo 5:13-16) y después aclara la frase lapidaria para quienes esgrimen que la los Diez Mandamientos han sido abolidos de que no ha venido a abolir la Ley sino a darle cumplimiento (Mateo 5:17), y para dejar claro, como dice la Escritura, que "Jehová se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla" (Isaías 42:21), pasa a revisar algunos puntos donde espiritualiza la Ley a un extremo de perfección y santidad. Así las bienaventuranzas están conectadas con el cumplimiento de la Ley para estar en el mundo sin ser parte de él (Juan 17:11, 15,16).


"¿Qué bien haré para tener la vida eterna?" (Mateo 19:16), la pregunta del joven rico es la pregunta de todos quienes desean alcanzar la corona de vida (Revelación 3:11), la respuesta de Jesús es clara "guarda los mandamientos" (Mateo 19:17). Guardar los mandamientos es el inicio, es el comienza por, pero no es el fin, es un camino que señala hacia algo mayor y mejor: la Ley apunta hacia Jesús (Juan 5:39). El joven rico señala entonces que desde siempre ha guardado los mandamientos, ¿qué le falta? Jesús le responde: "sígueme" (Mateo 19:21). Al joven rico sí le faltaba algo, ¡le faltaba Jesús!


Llegar a Jesús, es llegar a las bienaventuranzas. Las bienaventuranzas son consecuencia de encontrarlo. La Ley señala a Jesús, y una vez que le hemos encontrado las bienaventuranzas aparecen en nuestra vida. La pobreza de  espíritu, el llorar, la mansedumbre, el hambre y sed de justicia, la misericordia, la limpieza de corazón, el ser pacificador, y el ser perseguidos por causa de la justicia, todo es una consecuencia de Jesús.


¿Difícil? Tal vez. ¿Imposible? Para uno si, para Dios no (Lucas 1:37). "Estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús" (Filipenses 1:6). "Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 8:35-39).


Pero hay más. La enseñanza no termina con Mateo 5:3-11 o Lucas 6:20-22, a lo largo de la Escritura, como semillas de vida regadas aquí y allá, más bienaventuranzas esperan a aquel que las busque, las encuentre, las viva (Mateo 13:52).


Que el Santo Espíritu de nuestro Padre conceda a quien le busque el encontrarle (Isaías 55:6-8) y que las otras bienaventuranzas nos enseñen, nos redarguyan, nos corrijan nos instruyan en justicia (2 Timoteo 3:16) para la mayor gloria de Dios en Cristo Jesús.

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